El Partido Comunista de China ha revertido sus políticas extremas de control de natalidad, como la política de “Un solo hijo”, que causó enormes tragedias humanitarias. Aunque muchas asumen que la baja natalidad es catastrófica, estudios muestran que desde 1950, a pesar de la disminución del crecimiento poblacional y el aumento de la expectativa de vida, no se ha visto un impacto negativo en la economía global, las pensiones, la innovación o el poder militar. Además, una menor presión demográfica es vital para enfrentar la crisis ambiental.
